jueves 5 de enero de 2012

PIRA PAGANA - LOS REYES MAGOS AL DESNUDO

La adoración de los magos, de Andrea Mantegna
(circa 1495, 1505, Getty Museum, Los Ángeles, EEUU).

Melchor, Gaspar y Baltazar. Muchos han abundado en la realidad histórica de estos personajes que aparecen, al parecer, en la Biblia. Por supuesto, después de una búsqueda frenética por las mil quinientas páginas de una Biblia es completamente imposible encontrar estos tres nombres.

Muchos han escrito el verdadero sentido del calificativo “rey mago”, así que es necesario abundar en ello. Definitivamente no significa que eran reyes que sacaban conejos del sombrero o hacían desaparecer la Estatua de la Libertad.

Se ha interpretado de múltiples maneras el significado del oro, mirra e incienso que los reyes le llevaron a Cristo como regalo. Estudiosos más hardcore han especulado y cuestionado la pertinencia de regalos para un profeta que hablará tan mal en el futuro sobre las posesiones materiales. En verdad es algo raro. Es como si le llevaran de regalo al niño McCarthy un ejemplar del Manifiesto del Partido Comunista.

Así que un árabe, un negro y un iraní llegaron a la chocita de los ben Iosephus a rendirle honores al Rey de reyes. En ella encontraron el niño que cambiaría la faz del mundo desde las alturas de un instrumento de tortura. Amable lectora: ¿Nunca se ha preguntado usted qué hizo la Sagrada Familia con ese oro?

Los Reyes Magos nos han dejado dos legados muy vigentes hoy en día: los regalos navideños y la genuflexión; ponerse de rodillas para adorar a Cristo fue hecho por primera vez por los Reyes Magos. A los judíos no les gustaba arrodillarse.

Los regalos navideños en verdad son una conmemoración del cumpleaños de Jesús. Otra paradoja complejísima: solo los cristianos celebran navidad. Los cristianos, se supone, debes menospreciar las posesiones materiales. ¿Por qué se celebra el cumpleaños de Cristo con regalos materiales? Es como si celebraran el cumpleaños de Fidel Castro con una fiesta en McDonald’s.

Los reyes magos fueron canonizados por la Iglesia Católica, tal vez por ser los primeros en adorar a Cristo como Rey. Pero hay que ser más objetivos: Lo más probable es que Melchor, Gaspar y Baltazar hayan regresado a sus naciones respectivas para seguir adorando su inmenso panteón lleno de dioses preislámicos absurdos y estrambóticos.

Señoras, señores: hay una gran posibilidad de que los tres santos reyes se estén quemando en el Infierno. Pero por supuesto, como Santa Claus no puede sobrevolar los estados del sur de México por razones desconocidas, entonces los reyes magos salen del Infierno como un trío de zombis y se encargan de llevar regalos a los niños buenos montados en un zoológico fantasma que ronda las casas tranquilas de los niños en Nochebuena. Si has sido buena, querida lectorcita niña, observa muy bien. La temperatura bajará y los cabellos en tu nuca se erizarán. Los Reyes han llegado. Directamente de las infectas fosas del Infierno.


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sábado 31 de diciembre de 2011

PIRA PAGANA: AUTOPSIA DEL AÑO NUEVO

Los judíos lo celebran en septiembre, los chinos y los rusos a mediados de enero, los coptos el 11 de septiembre. Los japoneses envían tarjetas decoradas para año nuevo, y no para navidad. Los musulmanes tendrán dos años nuevos en 2008.

Uno de los momentos más gratos del año nuevo en nuestro mundo occidental es la importancia simbólica que le hemos dado al tiempo. Los diez segundos que pasan entre el 31 de diciembre y el primero de enero tienen un carácter ritual muy especial.

En primer lugar, esos diez segundos recuerdan a una bomba, al despegue de un cohete, al ultimátum de una madre enojada, al monólogo interno que, del uno al diez, nos tranquiliza cuando queremos enojarnos muchísimo.

Pero en lo profundo son diez segundos en los que la gente se sabe parte de una colectividad. Sin importar religión, raza, sexo, edad o condición económica, es la única ocasión en la que el mundo se reúne a celebrar algo que no existe: una unidad de tiempo impersonal.

Y es que no se celebra el cumpleaños del mundo o nuestro aniversario de vida en la tierra. No. Se celebra el simple hecho de que pasaron 365 días por el calendario, como si eso fuera especial y peculiar. Más cuando no existe una persona querida a quien felicitar por ello. Llanamente, celebramos los segundos, el tiempo.

El ser humano es un animal interesante. Aunque desdeñamos la prehistoria como la incivilización, la anarquía y la incomodidad, en verdad el ser humano sigue fascinado de las mismas cosas que el Cro-magnon y el hombre de Java: los ciclos, las cosas que se repiten, las cosas que finalizan en el inicio de otra.

Cuando el ser humano siente que una cosa se ha completado, el cerebro proporciona un sentimiento de tranquilidad y de sentido. Cada vez que uno conduce a través de un puente y sale por el otro lado siente una secreta satisfacción de haber terminado algo.

Si alguien ve un botón rojo, aunque no esté conectado a ningún mecanismo o aparato, de cualquier manera algo prehistórico, algo neolítico y lejano lo obligará a presionar el botón.

Cuando vemos que un año ha terminado sabemos que una cosa en la que participamos se ha terminado y el mundo es, por un momento, completamente nuevo. Es un poco decepcionante que el sol, girando alrededor de la tierra, es incapaz de darle al mundo un ano nuevo simultáneo.

Así que, en esencia, el último día del año hay un año nuevo cada milésima de centímetro de todo el mundo, mientras el recorrido del sol convierte el tiempo de cada lugar del que se aleja o se acerca en, exactamente, las doce de la noche en punto. Digamos, entonces, festivos: ¡Felices miles de millones de años nuevos, Oh, amplitud infinita del planeta!

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sábado 24 de diciembre de 2011

PIRA PAGANA - APUNTES PARA UNA FILOSOFÍA DE SANTA CLAUS

Santa Claus, de Gonzalo Ordóñez Arias
Le falta aún al archivo intelectual de la humanidad un filósofo de Santa Claus. Hay historiadores que exploran la figura histórica detrás del constructo mítico. Hay folkloristas que estudian su evolución desde un gnomo nórdico que robaba regalos hasta el simpático gordo que diseñó la Coca-Cola hace ya un siglo. Pero nadie se acerca con seriedad a la verdadera importancia de Santa Claus hoy en día.

Hay que mencionar primero que vivimos hoy en día una crisis de identidad colectiva pues poco a poco, como si la Edad Media hubiese vuelto rediviva de entre los calendarios muertos, hemos vuelto a olvidar los límites entre la realidad y la ficción.

En la Edad Media, cuando Alfonso X el Sabio leyó la Ilíada pensó que todo lo que estaba escrito allí era verdad, así que en su Historia General del mundo considera que Zeus, las sirenas y las parcas realmente existieron, algo así como los dinosaurios.

Cuando el año pasado la gente comenzó a releer masivamente El Código DaVinci la gente pensaba que lo que leía era un documental o un ensayo crítico duro y macizo, no una novela. Se nos había olvidado que lo que pasa en las novelas no es, necesariamente la realidad real.

Así que cuando pensamos en Santa Claus, comenzamos a decir que no existe, que es fruto de la ilusión infantil y toleramos que los niños crean en él para no romper con la burbuja de fantasía de la infancia.

Nada más necio que eso. Santa Claus es tan real como el electromagnetismo y tan real como la silla en la que está usted sentado en este momento. ¿Las tradiciones son reales? Sí. ¿Las podemos ver? No. No es cuestión de fe. ¿Tenemos fe en la gravedad? No. ¿Se ha medido o comprobado la gravedad? En verdad no, pero ahí está.

Tampoco es cuestión de decir “Santa vive en mi corazón”. Falso, santa es real y entrega juguetes de casa en casa por todo el mundo en una noche. Tan real es esto como que una partícula que no tiene cerebro decide moverse de una u otra manera debido a una voluntad real.

No deberíamos ponerle barreras a lo posible porque la historia no se ha terminado, y cosas que parecían absurdas hace treinta o sesenta años son hoy lo más normal del mundo. ¿Es absurda la idea de un gordo vestido de rojo que nos trae regalos a todos en una noche?

Jesús de Nazareth caminó sobre el agua, resucitó a un sujeto, convirtió a una gallina en roca, secó una higuera con su voz, transformó el agua en vino y, lo más impresionante: se murió, visitó el Infierno, liberó las almas que estaban presas allí desde la prehistoria y luego volvió a la vida para después irse con todo y cuerpo a vivir en el Empíreo.

¿Suena tan absurdo ahora creer en Santa Claus? Oscar Wilde dijo: “El ser humano puede creer en lo imposible, pero no creerá nunca en lo improbable”. Ahora nuestra tarea deberá ser, querida lectora, creer en ambas cosas.

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lunes 31 de octubre de 2011

IDEA : MONSIEUR HULOT (BASADO TOTALMENTE EN UN SUEÑO) Hulot

M. Hulot trabaja en una oficina. Sus triunfos son nimios (llegar a realizar una transacción de nivel 3, nadie ha llevado a cabo una de nivel cuatro); un día decide mostrar una película a sus amigos y crea un club de cinefilia. Al final organiza un festival de cine. Una amiga de él es pintora y crea la escenografía para la proyección. La organización es un desastre. El festival es cancelado. Un gran funcionario llama a Hulot a su casa y le reprocha las pinturas. M Hulot se lleva consigo una espada grande que fue rechazada de las decoraciones del festival. El político le reprocha que los personajes en los cuadros son idénticos a políticos rivales. Le dice que lo va a matar y que se va a asegurar de que nadie lo extrañe. M. Hulot espera lo peor pero no sucede. Se va, desconfiado. Después de un rato escucha que se da la orden de seguirlo y matarlo. M. Hulot huye del edificio (un museo abandonado, un elefante blanco) y comienza una serie de heroicas aventuras. Huye de la muerte una y otra vez hasta que encuentra a su gran enemigo y lo vence. En verdad lo que pasó es que el político le ha clavado un puñal desde cuando amenazó con matarlo, pero M. Hulot imagina que escapa. El malvado político saca el puñal y se retira dramáticamente. M. Hulot huye de nuevo y argumenta algo increíble para decir que se ha salvado, dando a entender que está inventando de nuevo algo mejor que su verdad.

19 de mayo de 2010.

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SOMNUS LIBER

Después de ser el más sensato del entourage de Megan Fox y de ser el niñero de su bebé, tuve que pelear contra Eric Warheims elementales (de hielo), a los que invoqué al recolectar cristales con forma de gota en un suelo lleno de sigilos arcanos. Ese fue mi sueño de hoy, 27 de octubre de 2010.
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domingo 11 de septiembre de 2011

LOS FRANCESES Y LOS NÚMEROS

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, cinco, seis. Todos conocemos los números y los contamos sin mucho problema. Sé que hay una pequeña comunidad de aborígenes australianos en la que no existen los números, así que cuando a alguien se le pregunta "cuántos años tienes" este responde "varios".

Pero yo no pensé que en una civilización tan occidental, tan avanzada, tan hegemónica como la francesa vendría a encontrar ejemplos de un uso barbárico de los números. Me siento como Livingstone perdido en el corazón del África negra, maravillado por las exóticas costumbres de los pueblos olvidados por el mundo, me siento como Bernal Díaz del Castillo ante los saunas aztecas.


PRIMER CASO: EL NOMBRE DE LOS NÚMEROS

Mi primer contacto con el uso primitivo y salvaje de los números en Francia lo tuve mucho antes de vivir aquí. Fue producto de mis primeras clases de francés. Muchos conocen este insólito fenómeno: el horripilante uso de nombres truncados para cifras mayores a 69.

sábado 9 de julio de 2011

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

A veces hay ventajas en ser miserable. Hay que comprender que no tener dinero en París es ridículo. Nada más transportarse cuesta al mes el equivalente de un sueldo más o menos decente en México. Lo más barato en el supermercado son unos chips sabor camarón de ochenta centavos que son más aire que comida.

Ayer me quedé con el dinero suficiente para elegir si quería comprar comida o comprar cigarros. Todavía no soy tan bohemio y mezquino, así que me decidí por la comida. Mis pasos me llevaron por casualidad a las puertas del cementerio Montparnasse. Dije por qué no. Vamos a poblar mis álbumes de Facebook con más pinchis clichés de París. "Miren, la tumba de Sartre, la tumba de Porfirio Díaz". Vamos a poblar los resultados de Google con más fotos amateurs de las mismas pinchis tumbas en los mismos ángulos. Por qué no, ya estoy aquí.

lunes 6 de junio de 2011

PIRA PAGANA - PIEDRAS

En los inicios de nuestro planeta, cuando las grietas de piedra que hoy son el fondo del océano apenas iban cobrando forma, el universo bañaba la superficie con todo tipo de radiación extravagante, con polvo cósmico de galaxias remotas.

De haber existido vida en ese tiempo habría sido torturada (y aniquilada) por esa inclemente ducha galáctica.

Lo que sí pasó es que ese pasado mariguano de la Tierra se quedó atrapado en las rocas. Lo fascinante de las rocas es eso. Son cosas muy muy viejas y están por todas partes.

Un día me paseé por las arenas de Lutecia, una especie de anfiteatro romano en medio de París. Me senté en escalones construidos por los romanos y me sentí feliz de estar posando mis magros glúteos en esas piedras tan antiguas.

sábado 21 de mayo de 2011

NARCOÍRIS DOBLE (¿QUÉ SIGNIFICA?)

ÍBAMOS A PASAR DE LARGO POR MAGDALENA de Kino, Sonora, porque era muy tarde como para pasear por mi poblado favorito en todo el mundo, y estaba el detalle de que yo no estaba al volante: mi primo Jesus “Hardigan” Pacheco manejaba su flamante Toyota Corolla blanco, y yo, a las dos de la mañana continuaba despierto pues él y yo tenemos un par de pactos entre caballeros; el que nos concierne ahora es el pacto de jamás de los jamases quedarnos dormidos cuando el otro está conduciendo.

El otro pacto consiste en que si envejecemos sin parejas sexuales, uno de nosotros se implantará un seno (uno solo, no estamos dementes) y el otro se implantará un glúteo de silicona y nos permitiremos —el uno al otro— acariciarnos esa parte erótica de nuestros mutantes cuerpos cuando nos parezca necesario el sedoso tacto de las curvas femeninas.

Poco después de pasar la caseta de cobro, el estéreo del auto llenaba los incómodos silencios con algo tan turco y gay como “Simarik” y los besitos de Tarkan. Es normal imaginar que no era el momento más badass y orgulloso de nuestro viaje; éramos algo así como lo contrario a un motociclista tatuado; éramos dos profesores con la camisa fajada yendo a algún lugar donde haríamos cosas de profesores.

Hasta que nos emparejó la camioneta del narco.