Búsqueda

Cargando...

domingo, 12 de noviembre de 2006

PIRA PAGANA - OKAPÍ O CRIPTOZOOLOGÍA PARA PRINCIPIANTES


Me fui al zoológico de Tucson a ver el okapí después de una botella de vodka y fumarme dos porros de mariguana.

Para el camino me llevé dos oxicodones que me bajé con una cerveza. Tomé tres autobuses para llegar. Cuando puse los pies en el pavimento sentí que mi cara era una máscara de cera que era sodomizada por los minúsculos miembros de los rayos del sol.

Estaba en el zoológico el viernes a las siete de la mañana para ver al okapí. Quería averiguar todo lo posible sobre los animales del misterio, los que parecen imposibles: Si yo les dijera que existe un animal que pone huevos y es mamífero, amamanta a sus crías, tiene pico y dos patas de pato y dos garras de tuza, una cola igual a la de un castor, ojos de topo y un maldito cabrón aguijón venenoso en los talones... ¿me creerían?

El animal se llama ornitorrinco. Ah, también tiene una bolsa en el vientre, como los canguros.

El zoológico de Tucson, tristemente, no tiene ornitorrinco, pero sí tiene okapí. Y para eso visité el lugar tan temprano en la mañana, y con más drogas en mi cuerpo que sueños rotos en el corazón. Para ver al okapí.

El parque no abriría sino hasta las 11 de la mañana. Saqué una libreta y escribí esto:
“Cuando los europeos profanaron con su planta nuestros suelos encontraron un extraño enemigo: Tapires, quetzales, manatíes, monos arañas, gallos arborícolas, jaguares, ajolotes, pavos salvajes, arañas descomunales...

Por siglos las descripciones europeas de los animales de Las Indias Occidentales eran poco menos que cuentos de hadas o de terror. Hoy en día los animales raros aún rondan algunos parajes y se necesita quién los estudie.

La criptozoología (literalmente 'estudio de los animales ocultos') ha tomado nuevos aires después de su remota creación a finales del siglo XIX. Esta es una ciencia que se ocupa de investigar los animales aparentemente míticos o imaginados, la elusiva fauna que existe tal vez sólo en la cabeza de algunos, la hermética animalia que se forma de nuestros miedos o incluso las criaturas que se consideran extintas pero que se han visto esporádicamente rondando el mundo de los vivos."
Cuando entré traté de conseguir una entrevista inmediata con el curador del zoológico, pero los zoológicos no tienen curadores. En mi delirio mocochango creía a veces estar en una galería de arte en que las obras de arte tenían huesos y plumaje, pelaje, vida y ADN.

Uno de los encargados me preguntó si me sentía bien y otro, al mismo tiempo me dijo que no podía fumar dentro del zoológico. Yo les dije que gracias a la criptozoología se han descubierto animales como el celacanto, un pez ciego que se creía extinto desde la desaparición de los dinosaurios y fue redescubierto en los años treintas. Les dije que la criptozoología era el padre y la madre de ellos y que le debían respeto. No me entendieron.

Llegué al okapí y desde la distancia me sentí arrebatado por su belleza. Si usted, amable lectora de la burguesía pujante, tiene una computadora con Internet a su alcance, procese el término “okapi” en un motor de búsqueda de imágenes. Verá una especie de mezcla entre una jirafa, una cebra y un tapir.

Pero no es una mezcla, sino una especie real, tan real como el sofá en que está usted sentada, tan real como el oxígeno que nos está robando la vida, destruyendo los nucléolos de nuestras células en un proceso de intercambio de nutrientes y energía al cual llamo "Muerte".

Tenía un plan. Por algo había ido tan temprano: Miré a los lados y me brinqué la barrera de contención y tranquilo me sacudí el polvo y caminé hacia el amable cuadrúpedo. Como si fuera un venado (no lo es) el okapí levantó el cuello y aguzó las orejas y huyó de mí. Me quité mi reloj y lo dejé caer al pilón de pasto seco del cual comían los okapíes y seguí al engendro de Satanás.

La criptozoología estudia sandeces como el Chupacabras, Pie Grande y el monstruo del Lago Ness, pero también ha ayudado a recordarnos cómo los monstruos tienen siempre un referente, y este referente no debe ser despreciado por los científicos zombies que no tienen imaginación ni perspectiva.

El Kraken existe: se llama calamar gigante. El Oso-Dios de China sí existe, se llama “Oso de Bergman” y era un animal de pelaje dorado y garras rojas que mató chinos desde la prehistoria hasta inicios del siglo XX.

Los científicos miopes del ultra racionalismo empírico tampoco creían que el ornitorrinco era real. Bueno, debo confesar que yo todavía creo a veces que es una broma de Dios.

Logré que el okapí me oliera la mano y le dije: “Okapí, si tú existes, si tú y el ornitorrinco existen, entonces lo anormal es hermoso. La excepción, lo inusual, lo asimétrico es lo más bello, porque toma por sorpresa los sentidos. Ojalá todos los días me pase algo estrambótico y peculiar. Rezo por que los días normales se hayan acabado para siempre. Gracias, okapí.”

Un guardia del zoológico me gritó escandalizado. Le dije que entré a buscar mi reloj, pues se me había caído y un okapí se lo llevó hacia el cubo de pasto. Los guardias me creyeron y salí del lugar satisfecho.