Vivir en la cárcel que es Tucson es muy curioso para mí. Después de haber terminado las clases de doctorado ya no me vi en la necesidad de pasar tiempo con nadie. Mis compañeros de clase siguieron con sus vidas y yo fui asignado a dar clases en la tarde o en la noche.
Después de algunos meses me di cuenta de que podía entrar y salir de la escuela sin que nadie me notara. Todos los demás tenían horarios normales, se veían en los pasillos, en las oficinas, en la entrada del edificio, etcétera. Pero nadie me veía a mí porque mi día comienza cuando el de ellos acaba.
Después de algunos meses me di cuenta de que podía entrar y salir de la escuela sin que nadie me notara. Todos los demás tenían horarios normales, se veían en los pasillos, en las oficinas, en la entrada del edificio, etcétera. Pero nadie me veía a mí porque mi día comienza cuando el de ellos acaba.