
Viví seis años en Estados Unidos, de 2003 a finales de 2009. Los primeros meses de mi estadía en las Tierras del Miedo fueron muy peculiares; aprendí a fumar y leí Les miserables en dos días (no es broma).
En seis años las cosas cambiaron: en 2005 apareció YouTube, México cambió de presidente en 2006; yo conocí a mi esposa en 2007, etcétera. Pero el cambio del cual quiero hablar en esta ocasión es uno muy irritante: la televisión nacional mexicana no sólo se puso más pendeja: se puso cada vez más repugnante.