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sábado, 19 de marzo de 2011

DIEZ COSAS QUE NO SABÍAS DE PARÍS

1. Olvídate de Wal-mart, Ley, Soriana... de hecho olvídate de comprar con carrito; los supermercados son chiquitos y costosos. Olvídate también de las tienditas de la esquina.

2. ¿Te gustan los Pulparindos, los Pelones, los Lucas, los Rellerindos, las Rocaletas, los Tama-rocas, los Miguelitos, los Rielitos? Es mejor que vayas olvidándote de ellos; en París no saben ni qué pedo con los dulces con chilito. Tienen nada más de esos dulces que comen los viejitos, con sabores de frutas.


3. Antes de maldecir Hermosillo por ser un pueblito sediento donde todavía hay vendedores de petróleo en carretas tiradas por mulas siéntete afortunado de tener gimnasios baratos cerca de tu casa. En París solo hay gimnasios muy caros y solo los fresas van al gimnasio. El parisino común se mantiene fuerte con un régimen de cigarros y una actitud cínica hacia la vida.


4. Si pensabas que París era una ciudad de calles empedradas y chiquitas donde no caben los carros y todos andan en metro o en bicicleta, creo que alguien te ha engañado. Hay un chingo de carros y grandes calles con tráfico todo el tiempo. Así que el sonido romántico de los acordeones del verano son ahogados por el claxon del conductor encabronado.

5. Si quieres enchufar el cargador de tu celular en París... ¡SORPRESA, BITCH! los enchufes son diferentes, son dos círculos, no dos ranuras, como en nuestro universo. Los teclados de computadora son diferentes también. Son AZERTY, no QWERTY, así que la primera vez que usé uno escribí algo así como "Holq, mqmq".

6. En la tele abierta francesa dicen groserías y hay desnudos. Desnudos los ve uno también en París en pósters, puestos de revistas y, claro, en las estatuas públicas. En nuestra tierra, en la tele, muy a huevo se puede decir "güey", y está prohibido decir "pedo", y la única estatua desnuda es el "mono bichi" de Nogales.

7. Todos se visten de negro en París. Aunque de vez en cuando se vislumbran algunos intentos de coordinar ciertos colores sobrios, el parisino invernal, de cualquier edad y raza, se viste de negro. Yo me sentía especial en el desierto porque mi guardarropa era exclusivamente negro, pero aquí Johnny Cash y yo somos uno de tantos.

8. En París no ha habido ni habrá terremotos. Tampoco llegan los huracanes ni los tsunamis y no hay un triste volcán en las cercanías. No ha habido grandes incendios. La única gran inundación fue cuando se desbordó el Sena en 1901 y no se murió nadie. Adivinaron: París es indestructible.

9. ¿Se te antoja un sándwich? ¡Pues ya valiste, wey! En París los paquetes de jamón tienen dos, cuatro y seis rebanadas de jamón y cuestan de dos euros en adelante (2 euros = 33.65 pesos). Así como lo oyen. Dos rebanadas de jamón por más de treinta pesos. Valoren lo que tienen, amigos del desierto. Quién diría que en París iba a extrañar el jamón barato y cuantioso.

10. En París los fantasmas de las guerras y los de rubios moradores paleolíticos se rozan cuando cruzan las calles de niebla en las mañanas. El Sena no cabe en dos ojos y se desplaza por las mejillas como un rubor frío entre las orejas. Los cuervos se empeñan por rasgar el pavimento con sus uñas de alambre y vuelan, inconformes y brunos como la tiniebla, a seguir horadando los basureros de ayer. Cuando en mi tierra se construyó la primera ciudad con terrones de lodo, en París ya había curiosos aristócratas haciendo filosofía económica y jugando con electricidad en botellas de vidrio. Cuando en París se construyeron los primeros edificios, en mi tierra una lagartija se paseaba por el yermo desolado, por la tierra que jamás en la historia del universo había sido pisada por un solo y triste ser humano.

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