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domingo, 11 de septiembre de 2011

Los franceses y los números

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, cinco, seis. Todos conocemos los números y los contamos sin mucho problema. Sé que hay una pequeña comunidad de aborígenes australianos en la que no existen los números, así que cuando a alguien se le pregunta "cuántos años tienes" este responde "varios".

Pero yo no pensé que en una civilización tan occidental, tan avanzada, tan hegemónica como la francesa vendría a encontrar ejemplos de un uso barbárico de los números. Me siento como Livingstone perdido en el corazón del África negra, maravillado por las exóticas costumbres de los pueblos olvidados por el mundo, me siento como Bernal Díaz del Castillo ante los saunas aztecas.


PRIMER CASO: EL NOMBRE DE LOS NÚMEROS

Mi primer contacto con el uso primitivo y salvaje de los números en Francia lo tuve mucho antes de vivir aquí. Fue producto de mis primeras clases de francés. Muchos conocen este insólito fenómeno: el horripilante uso de nombres truncados para cifras mayores a 69.

Exacto. Para los que no sepan francés básico se los hago notar: no existen palabras únicas para los números desde el setenta hasta el cien. En español decimos setenta, en inglés dicen seventy, en alemán dicen siebzig, en italiano dicen settanta, etcétera.

En francés dicen soixante-dix. Señoras y señores, esto se traduce como sesenta-diez.

Así como lo oyen. Para decir los números en francés es necesario hacer una operación matemática cada maldita vez. Obviamente a los hablantes nativos esto les viene de manera natural, pero a los que debemos aprender el idioma (y de paso no somos los mejores en aritmética) esto nos parece altamente absurdo.

Ah, vaya, amiguito, veo que quieres decir noventa y siete: buena fucking suerte. Tendrás que decir. Cuatro-veinte-diecisiete. Quatre-vingt-dix-sept. O sea que cuatro veces veinte (ochenta) y diecisiete suman noventa y siete. Fácil.

SEGUNDO CASO: EL CONTEO CON LOS DEDOS

Pregúntenle a un niño pequeño su edad. Si el niño tiene menos de tres años probablemente les va a contestar con los dedos, porque todavía no saben con certeza qué diablos son los números, pero sí saben que los gestos comunican cosas.

¿Con qué dedo va a señalar el niño que tiene un año de edad? ¿Con el anular en forma de gancho? Moviendo el dedo medio de arriba abajo en señales obscenas? FUCK NO. El niño de cualquier parte del mundo va a mostrar su índice, el dedo que, por estar más cerca del pulgar es el más útil y más versátil, el dedo en el que uno piensa cuando escucha la palabra dedo.

Ustedes comprenderán mi escándalo al darme cuenta de que en Francia el dedo con el que uno empieza a contar es el pulgar. El pulgar. En el mundo civilizado y moderno en el que me gusta vivir, en el que tenemos acceso a agua potable, energía eléctrica y derechos civiles, el número uno es el índice y cuando uno hace la señal de la paz también está diciendo "número dos". En Francia el número dos es la misma seña que tenemos para una pistola.

Veamos la siguiente ilustración:

Cuando alguien me pregunta desde muy lejos "¿cuántas personas hay en la casa?" yo le respondo "siete" con las manos haciendo este gesto: la mano derecha muestra los cinco dedos extendidos y la mano izquierda muestra la señal de la paz. Los franceses muestran la diestra extendida y una pistola apuntando a los cielos.


TERCER CASO: LA GRAFÍA DEL NÚMERO UNO

Observemos la grafía normal del número uno en todo occidente (y prácticamente todo el mundo):


 Los franceses no son excepción; esta es la grafía que ellos reconocen también como el número uno, pero al momento de escribirlo hacen algo muy extraño. La pequeña punta inclinada que ayuda a distinguir el número uno de una ele minúscula la comienzan desde la base del renglón (y a veces más abajo) y el resultado termina pareciendo una A sin barra horizontal. Veamos unos cuantos ejemplos de esta escandalosa práctica tribal:



"Carlos Mal, se trata tal vez de un estilo propio de las pizarras de cafés y restaurantes..." 

NON.

Lo he visto escrito así en todas partes, mi esposa, mi suegra, todos los franceses que conozco escriben el número uno de esta misma manera. La única teoría que tengo para explicar esta extraña costumbre es que de alguna manera los franceses siguen utilizando ya sea la grafía cuneiforme de los mesopotamios o el uno sánscrito de los inicios de los numerales modernos.

No sé. Lo que sí sé es que aun cuando decimos que la cultura francesa es avanzada y moderna, estas prácticas numéricas evidencian que los franceses son una tribu extraña de la cual todavía tenemos mucho que aprender. Yo, como un novísimo explorador, una especie de Jacques Cousteau de la cultura francesa, me dedicaré en mi tiempo en estas hostiles e inelucubrables tierras a tratar de entender los misterios de esta civilización perdida.