En los inicios de nuestro planeta, cuando las grietas de piedra que hoy son el fondo del océano apenas iban cobrando forma, el universo bañaba la superficie con todo tipo de radiación extravagante, con polvo cósmico de galaxias remotas.De haber existido vida en ese tiempo habría sido torturada (y aniquilada) por esa inclemente ducha galáctica.
Lo que sí pasó es que ese pasado mariguano de la Tierra se quedó atrapado en las rocas. Lo fascinante de las rocas es eso. Son cosas muy muy viejas y están por todas partes.
Un día me paseé por las arenas de Lutecia, una especie de anfiteatro romano en medio de París. Me senté en escalones construidos por los romanos y me sentí feliz de estar posando mis magros glúteos en esas piedras tan antiguas.