sábado 9 de julio de 2011

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

A veces hay ventajas en ser miserable. Hay que comprender que no tener dinero en París es ridículo. Nada más transportarse cuesta al mes el equivalente de un sueldo más o menos decente en México. Lo más barato en el supermercado son unos chips sabor camarón de ochenta centavos que son más aire que comida.

Ayer me quedé con el dinero suficiente para elegir si quería comprar comida o comprar cigarros. Todavía no soy tan bohemio y mezquino, así que me decidí por la comida. Mis pasos me llevaron por casualidad a las puertas del cementerio Montparnasse. Dije por qué no. Vamos a poblar mis álbumes de Facebook con más pinchis clichés de París. "Miren, la tumba de Sartre, la tumba de Porfirio Díaz". Vamos a poblar los resultados de Google con más fotos amateurs de las mismas pinchis tumbas en los mismos ángulos. Por qué no, ya estoy aquí.