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miércoles, 22 de febrero de 2012

UN VIAJE A LA BELGA

"Los viajes sirven para aprender a
odiar el mundo con fundamentos."

—Carlos Mal Pacheco


Bérénice y yo nos fuimos a Bélgica hace unos días. Leímos muchas cosas buenas sobre este pequeño y modesto país vecino y decidimos que sería buena idea cobrarle al destino la mala jugada que nos obligó a no tener luna de miel hace ya casi cuatro años.


Mi primer TGV

Cuando tomé mis primeras clases de francés en Hermosillo hace diez millones de años, una de las lecciones de comprensión lectora era un texto sobre los legendarios trenes de alta velocidad llamados TGV. En ese entonces un Carlos Mal macilento, apestoso y de veinte años no sospechaba que un día estaría sentado en uno de los vagones de un TGV a 300 kilómetros por hora (aunque pueden alcanzar velocidades superiores a los 500 km/h, y lo harían con gusto, pero tienen que calentar primero y les duele la cabeza, además a su novia nunca la has visto en persona porque según esto vive en otra ciudad).

Me senté con toda comodidad en el tren, saqué una revista y pensé en la posibilidad de dormir un poco. Mientras debatía sobre dormir o no llegamos a Bélgica. En 90 minutos ya estábamos en otro país con una cultura e historia muy diferente, con otros idiomas y costumbres. Tardaba más en llegar a mi trabajo como profesor en el TEC de Monterrey que lo que el tren tardó en llevarme a una civilización distinta, a un país bifurcado por conflictos y adobado por monarquías lujosas, ambiciosas y dementes: Bulgaria.

Ah, no, no: Bélgica.


Un país sin ley

Para una persona a la que no le gustan los viajes, he viajado mucho. He vivido en tres países y conozco más ciudades de las que me gustaría conocer. Uno de los países en los que viví fue los Estados Unidos, así que uno se puede imaginar que estoy acostumbrado a los molestos, interminables y casi psicóticos requisitos que uno debe cumplir para tener el privilegio de cruzar fronteras invisibles.

Cuando subí al tren a Bélgica esperaba al menos una de esas revisiones de papeles a la europea: un gendarme viene y pide los papeles, los revisa, mira a todos con desconfianza y se va. ¿Qué ocurrió en mi caso? Nada. No sabía que uno podía cambiar de país sin ser hostigado por pendejos. Les juro que nadie me pidió ver mi pasaporte ni me revisaron el equipaje. No sé si es buena idea publicar esto. Pero si usted es un terrorista con ganas de chingar, le advierto: tal vez escribo esto para que usted caiga en la trampa... tal vez es todo lo contrario, y solo escribo esto para que lo atrapen y lo metan en una cárcel belga llena de turcos libidinosos, enormes y peludos.
 

Turquilandia

Turcos en Bruselas.
Y digo turcos porque Bruselas, desde que llegamos, nos dio más bien la impresión de ser un paraíso de turcos. Hasta tuve la oportunidad de practicar una de las tres frases que recuerdo de mi nebulosa niñez en los guetos islamizados de Ankara. Pero de cualquier modo estábamos en Bruselas. Teníamos la idea de visitar el Grote Markt (el "gran mercado"), comer waffles (en español tenemos la horrible palabra "gofres") y tal vez las legendarias almejas con papas fritas. Así que teníamos que alejarnos de los turcos si queríamos tener la experiencia blanca de Bélgica.

Estereotipos

¿Cuántos navojoenses se necesitan para poner una bombilla? No sé. Soy navojoense y soy un pendejo, así que no sé nada. Ese tipo de chistes de odio regional son comunes en todas partes del mundo. Para los detestables chilangos, los gallegos son un grupo humano repugnante y retrasado. Para los sonorenses (habitantes del estado de Sonora al norte de México) los navojoenses son idiotas insensatos, como lo ilustra el humoroso chascarrillo con el que abrí este abigarrado párrafo. Mi punto es que, para los franceses, son los belgas quienes tienen este dudoso honor. Aquí un ejemplo:

Pourquoi est-ce que les belges ne produisent pas beaucoup de poulet? Parce qu'ils plantent les oeufs bien trop profond. 

(¿Por qué los belgas no producen mucho pollo? Porque siembran los huevos a demasiada profundidad).

Hilarante.

Pues ahí estábamos mi esposa y yo. En la tierra de los pendejos de los franceses. Me pregunto para qué país los franceses son los imbéciles.


Sospecho que el neerlandés
no es un idioma de verdad


Cuando llegamos a Bruselas lo primero que vi fue un enorme cartel de telefonía. Tenía dos lados: uno en francés y otro en... en... No... no puede ser un idioma de verdad. BULL-SHIT. Me comencé a reír. Imaginé siglos y siglos de evolución lingüística para llegar a la decepción completa que es el neerlandés. El latín creció y se ramificó delicadamente y se convirtió en bellos idiomas llenos de lirismo, emoción y energía. Y en rumano. No sé qué pasó en el camino con el neerlandés.

Aquí les muestro un fragmento de Bob Esponja en neerlandés que grabé en nuestro cuarto de hotel. De veras, nunca había escuchado un idioma que pareciera tan falso antes.




Un país sin ley, parte 2

No tienen idea. Los cómics de Tintin nos hacen pensar en Bélgica como una amena ciudad de armonía y civilización, y ciertamente es un lugar muy europeo, pero no muy ordenado, no muy civilizado y no poco peligroso. Al parecer Bélgica es alérgica al orden. Para cruzar la calle uno tiene que contar con la Divina Providencia. Los semáforos peatonales brillan por su maldita ausencia. Crecí en Hermosillo, una ciudad del Viejo Oeste en el que los semáforos peatonales son para niños llorones en pañales y no son dignos de hombres machos con calcetas de carne bajo la bragueta y hembras ovariudas con tetas de acero. Pero en Europa la cosa es diferente. Tengo expectativas europeas para Europa, y la presencia de semáforos peatonales es una de ellas.

El metro

El metro de Bruselas es un desmadre. El mapa del metro tiene la forma de la punta de un palo de golf. La ciudad es pequeña y amontonada. No es muy difícil llegar de un sitio a otro a pie, pero con pocos días de turismo uno quiere aprovechar el tiempo. Oh, sorpresa. Todas las líneas de metro pasan por donde mismo y siguen la misma ruta. ¡¡¡Si no tienen rutas diferentes por qué les ponen números y colores distintos??? No es broma, vean el mapa del metro:


¡Literalmente TODAS las líneas pasan por la misma ruta!




Lo más chistoso es que ningún autobús o metro va al Grote Markt, la mayor atracción de Bruselas. Es como si ningún camión llevara al Cerro de la Campana o ningún metro te llevara a la puta Torre Eiffel.

Mister Cash


Para mí Mister Cash es Johnny Cash, leyenda del country renegado estadounidense, un rebelde del rock and roll, el padre espiritual de mi guardarropa y la voz grave de un profeta y una guitarra poseída por un tren escuálido en las llanuras secas del desierto.

Para los belgas Mister Cash es esto:

Es increíble. Bélgica tiene Bancontact, una tarjeta de crédito exclusiva de Bélgica que no se acepta en otros países y cuyos cajeros automáticos no son compatibles con las tarjetas de crédito y débito del resto del mundo. Y no solo lo menciono como algo curioso y raro. No. Los cajeros de Bancontact Mister Cash están por todas partes. Esperen, esperen. Con mayúsculas: POR TODAS PARTES. Encontrar un cajero "normal" fue muy difícil. Por un momento pensé que secretamente los belgas odian el turismo y quieren que los extranjeros y sus exóticas y heréticas visas y mastercards se queden fuera de sus fronteras.


El Manneken Piszzz... ZZZZZZ... zzzzzz... ZZZZZ...

Antes de prepararme para venir a Bélgica jamás había escuchado sobre el Manneken Pis (literalmente "el hombrecito pipí"). Y me sorprende. Normalmente mi memoria se esfuerza por retener información inútil y estúpida. Seguramente el hecho de que una diminuta estatua de lo más común y corriente en una esquina inconsecuente era uno de los "monumentos" más famosos de Bélgica es uno de ese tipo de datos que reservo para llenar silencios incómodos en la parada de autobuses, en la fila para pagar, en las noches de romance.

Al menos el Grote Markt sí es impresionante.



Brujas

Ah, sí. Después de Bruselas fuimos a Brujas. De Brujas no digo nada, porque mi mamá me dijo un día: "Si no tienes nada malo que decir sobre alguien, no digas nada."

Tal vez me falla el recuerdo.

Motherfuckin' Brujas.
Hay más fotos y comentarios mordaces y geniales sobre nuestro viaje a Bélgica en uno de mis álbum de fotos de Facebook.





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